viernes, 11 de enero de 2013

Te levantas, echas la silla a un lado. Miras a tu alrededor...Y no reconoces nada. Nunca antes habías estado allí o, por lo menos, no tienes conciencia de ello. Entonces empiezas a moverte por toda la habitación  rebuscando entre las cosas algo que te resulte familiar. Pero todo lo que hay carece de importancia para ti. Levantas la persiana y miras a través del cristal de la ventana. En frente solo ves un edificio de color gris con infinitas ventanas, todas iguales, como un fondo de escritorio. Abres la puerta y sales al pasillo.
El pasillo es un lugar frío. Empiezas a caminar y vas contando las habitaciones: "13, 15, 17, 19, 21, 25, 27" Sigues y sigues caminando hasta llegar al ascensor. Pulsas el botón con una flecha hacia abajo. Esperas. Esperas. Esperas. Esperas. Esperas. "Ding" Suena el timbre y dos puertas correderas metálicas se apartan. Entras en el ascensor y pulsas "B". Al cabo de unos dos minutos vuelve a sonar el timbre y se abren las puertas. Miles de rayos de luz blancos te deslumbran los ojos. No puedes ver nada. El timbre del ascensor no deja de sonar. Poco a poco se empieza a convertir en un sonido cada vez mas agudo. La puerta del ascensor, ya cerrada, se empieza a difuminar. Tu vista se nubla y pierdes el sentido del equilibrio pero no te caes al suelo, notas como que lo atraviesas y empiezas a caer a la nada. Entonces abres los ojos, una luz te deslumbra, tardas en acostumbrarte. Son como rayos de sol que se cuelan por una red uniforme de agujeros en la pared de un cuarto oscuro. Sientes frió en los pies aunque estas arropado. La puerta de la habitación está entreabierta y puedes distinguir el sonido de unos pasos fuera. Incorporas el torso, echas un vistazo. Mochila, libros, ordenador, desorden. Es tu habitación. El timbre sigue sonando. Apagas la alarma del móvil.

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