martes, 8 de enero de 2013

Son como un veneno. Una vez que están en tu cerebro ya no pueden salir. Al principio puedes retenerlas durante unos segundos, hasta que rápidamente desaparecen y no vuelven. Pero como un veneno, tienden a extenderse. Invaden tu cabeza y la llenan de otras parecidas y semejantes. Entonces esos segundos se convierten en minutos. Los minutos se convierten en horas. Las horas en días. Y acabas enfermo. Una enfermedad que no tiene una cura específica, y no te deja hacer nada ni disfrutar de otras cosas. Es entonces cuando nosotros mismos nos damos cuenta de que debemos de cambiar algo. Nuestra actitud, nuestro entorno, nuestro objetivo. Pero no dejan de repetirse una y otra vez dentro de tu cabeza. Hasta que pasa el tiempo, y se van quedando al fondo de tu mente esperando su momento para volver a salir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario