lunes, 14 de enero de 2013

Abres la carcasa, sacas el CD y lo metes en el reproductor. Empieza a girar. Giras la ruleta del volumen hasta que no oyes nada más que lo que sale de los altavoces. Coges una bolsa de chuches y te tiras en la cama. Empiezas a mordisquear un regaliz y dejas que el sonido invada tu mente. Cierras los ojos y creas una atmósfera perfecta. Las canciones se suceden unas a otras y la bolsa de chuches va menguando pero te da igual porque no quieres parar. Sientes por todo tu cuerpo cada nota que escuchas y pierdes la noción de la realidad. No quieres pensar en nada mas, no quieres que la música pare.

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