viernes, 13 de septiembre de 2013

Ring, ring.

Ring, ring.

Tiene unos zapatos de tacón verdes esmeralda a juego con un vestido corto y liso. Pelirroja y con los ojos marrón a secas. Y lo que más deseo es que esté muerta. Quiero que me agarre una chica muerta, pegar mi oreja a su pecho y no oír nada. Aunque después muera o algo así. Pero, al menos, saber que la vida no se acaba ahí. No puedo soportar la idea de que esto sea todo lo que tenemos. 

Ring, ring

No me importa si después me esperan miles de años de tortura en el infierno por no haberme inmolado y haber entregado a Dios mi alma cuando el credo proclamo la redención. Solo necesito saber que hay algo mas. Que el mundo no es tan feo. 

Y no soporto la idea de estar solo. No puedo sufrir la idea de ser libre. <<Lo que quiero es que me necesiten. Lo que necesito es ser indispensable para alguien. Necesito a alguien que ocupe todo mi tiempo libre, todo mi ego, mi atención. Alguien adicto a mi. Una adicción mutua>> No quiero seguir siendo yo. Yo solo no me sirve de nada. Yo solo es un helado sin virutas de chocolate. Yo solo es una chuche para diabeticos. 

Ring, ring

El teléfono no para de sonar. Solo quiero cogerlo y desplomarme en el suelo. Si es mi madre, que me diga que todos han muerto. Si es mi medico, que me diga que soy un terminal. Si es el agente de policía de mi zona, que me diga que soy el responsable de cinco

Ring, ring

asesinatos a niños menores de diez años. Lo que sea. Pero que me mate ya. Solo para ver qué hay después. Solo para saber que vosotros no sois toda la mierda que hay que conocer. Solo por saber que la mayoría de lo que conocemos solo es una pequeña parte de algo. Solo espero que al descolgar el teléfono este activando a la vez una bomba que haga explotar toda esta planta. A mí. A la chica del vestido verde. A esto.