martes, 5 de febrero de 2013

En un mundo que ha sido puesto ante nuestros ojos para ocultarnos la verdad

No tengo que decirles que las cosas están mal porque todo el mundo lo sabe. Mucha gente esta sin empleo o con miedo de perder el que tienen. Un euro vale menos cada día que pasa, los bancos quiebran, y las revueltas en las calles son cada vez más frecuentes. Nadie sabe qué hacer. Y lo que es peor, no se ve una solución.
El aire es tan malo que no se puede respirar, y los alimentos tan artificiales que no se pueden comer. Seguimos sentados ante el televisor mientras un locutor nos cuenta que durante el día ha habido quince homicidios y sesenta delitos violentos, como si eso fuera normal.
Sabemos que las cosas están mal, peor que mal. Todo en todas partes se vuelve loco y ya no queremos salir a la calle. Nos quedamos en casa y, lentamente, el mundo en el que vivimos se empequeñece. 
Decimos: "Por favor, dejadme vivir tranquilo en mi living. Dejarme con mi tostadora, mi radio, mi televisor y mis electrodomésticos y no diré nada. Dejadme en paz. ¡Pues yo no pienso dejadles en paz! Quiero que se irriten al leer esto, no que protesten, ni que hagan manifestaciones, ni que escriban a su diputado porque yo no sabría decirles que es lo que deben escribir. No sé qué hacer con la crisis, ni con la inflación, ni con la corrupción. Lo único que sé es que tienen ustedes que montar en cólera. Tienen que decir: "¡Soy un ser humano, maldita sea, mi vida tiene un valor!"
La única verdad que oyen es la que se transmite por televisión. En nuestros días, hay toda una nueva generación que no está enterada de nada que no haya salido por ese aparato. El televisor es el evangelio, la última revelación. Puede ser la fortuna o la ruina de presidentes, papas, primeros ministros. El televisor tiene el más imponente y maldito poder que existe en nuestro desorientado mundo y ¡ay! de nosotros si llega a caer en manos de los malvados. Así que escúchenme, la televisión no es la verdad. La televisión es un maldito parque de atracciones, un circo, un carnaval, un grupo de acróbatas, narradores de cuentos, bailarinas, cantantes, malabaristas y jugadores de fútbol. Es una máquina para matar el aburrimiento. 
Si quieren saber la verdad, diríjanse a Dios, diríjanse a su gurú, a ustedes mismos, porque es la única manera de hallar la auténtica verdad...Ustedes no van a enterarse de la verdad por nosotros. Les diremos cuanto quieran oír. Mentimos como hablamos. Les diremos que la policía siempre coge al asesino y que nadie tiene cáncer en los hospitales. Les contaremos toda la porquería que quieran ustedes oír. Jugamos con ilusiones. ¡Nada es verdad! 

Es el individuo el que está acabado. Es el solitario y aislado ser humano el que está acabado. El concepto de independencia ha terminado porque esta ya no es una nación habitada por individuos independientes, es una nación de millones de cuerpos transistorizados. Sin olor ni color. Totalmente asépticos. Oprimidos, anulados como seres humanos. Mecanizados como burdos robots. Ha llegado el momento de preguntarse si la palabra des-humanización es una palabra tan mala. Pero buena o mala, es un hecho. El mundo entero se está volviendo inhumano, criaturas que tienen aspecto de humano no lo son. Todos los habitantes del mundo se están transformando en objetos fabricados en serie. Programados, anulados, despersonalizados.